El rumor insoportable
Ruido, clamor, agitación ensordecedora de las actividades humanas, la máquina bien engrasada de las civilizaciones incluso de aquellas primitivas y tribales,¡que somos, sino fuentes de sonidos¡ verdaderas colonias, enjambres de cuerpos energéticos, carne y alma, sexo y sangre y ruido, siempre ruido. Toda actividad humana se desarrolla con ruido, produce un rumor insoportable, los habitantes de las ciudades lo saben muy bien. Cuando en rarísimas ocasiones desciende el nivel de decibelios, sentimos que algo falta, que una parte de nuestro entorno esta ausente, que hemos sufrido una amputación...para evitar el vacío, el pavor rápidamente producimos cualquier tipo de sonidos, hablamos o gritamos.
Decimos ruido y pensamos en actividad, en acción; oímos el silencio y pensamos en paz, en muerte, en meditación, en la solución final.
Dormimos, soñamos, y hacemos ruido, ruido de la respiración, ruido al movernos mientras imaginamos otras vidas, otros mundos, también ruidosos.
Ruido que llamamos música que usamos como terapia tranquilizadora, voces que nos adormecen porque ya no las entendemos, ya no pertenecen a la vigilia sino que son sombras, son rumores, son mantos que acunan y sosiegan.
Ruido y sonido las veinticuatro horas de los trescientos sesenta y cinco días de los pocos años que vivimos, que oímos al pasar, atentos, vigilantes, segundos que discurren con un tic tac implacable.
Al nacer lo hacemos miopes, con la vista desenfocada, pero en cambio ya oímos, excepto aquellos que llamamos sordos, que están solos en medio de la profundidad de los audistas, en ese terreno desnudo, sin ruido para nosotros, los que oímos, el vacío para ellos quizás…otro mundo, sin ese rumor inagotable, irascible, incómodo y también cercano.
Félix Menkar
8 nov 2009
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