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Escritos Híbridos

6.- El patio trasero del paraíso

6.-  El patio trasero del paraíso

¡La vida puede ser maravillosa, o no!

A nuestro alrededor, por doquier, nos corteja una reina llamada euforia y su corte de las maravillas.

Alucinados nos movemos en colectividad, embriagados, extasiados a la fuerza por el espejismo del libre mercado. Gentes estas de un país que sale de unos años oscuros y grises, de una época que casi todos desearíamos  olvidar pero no podemos, no queremos y no sabemos. Quien querría volver al pasado si aquí y ahora se suceden fenómenos extraordinarios, devastaciones del territorio, avances tecnológicos sin parangón.

Atónitos contemplamos a esa legión de inocentes, de masas maleables e incautas que se lanzan sin cabeza, ni pies y en picado al frenesí de la especulación todos muy esperanzados, ávidos de símbolos, de identidades, de bienestar, de desarrollo, de democracia. Como si este mundo nuestro tuviera alguna posibilidad.

Pero el hechizo más pronto que tarde se rompe y más bien antes que después aparecen las grietas, las facturas que deben ser pagadas, las fabulosas contradicciones del sistema. En realidad, lo sabemos bien aparece el doble lenguaje, esas sempiternas y tristes mentiras aceptadas del “todo va bien” –y afuera el mundo se derrumba--, o “avanza según lo establecido”, --o sea mal, muy mal--  o aquel tibio “progresa adecuadamente” –sustituto del “está todo controlado”, o “se cumplen las expectativas”, --que podríamos traducir por: ‘se disimula la decadencia’--, y se avecina lo peor: el patio trasero sucio y húmedo donde aguarda y se esconde agazapada la puta realidad, que desafía las convenciones, las verdades establecidas,  y nos encontramos con esa otra verdad, la que no se cuenta, la que no queremos oír.

Y la fiesta llega a su fin, y las aguas vuelven a su cauce, las cosas a su estado de normalidad, la turbadora realidad se impone con tozudez y los seres humanos continúan siendo mezquinos y ruines, presas fáciles de sus ancestrales instintos.

En el patio trasero del paraíso acumulamos sutiles formas de intolerancia, pequeños objetos muy indicativos de nuestra ignominia, indicios genéticos de anomalías crueles y prehumanas.

La intimidad es el territorio donde se disputa lo más atroz e insolidario del género humano.

 

                                                                 

P.D.: La literatura, la poesía deben ser críticas o no ser.

 

A modo de explicación: Pretendo esbozar el malestar subliminal, lo que se esconde tras la gloriosa fachada del sistema, o tras ese aparente sentido común que nos plantea elegir la opción “menos mala” (la democracia) y échate a dormir; y no es que esté fuera o contra el sistema, sino que es romper una lanza fútil, compensar, o intentar equilibrar la balanza. (ya hay demasiada gente apoyando con fuerza el otro platillo).

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